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| jueves, 01 septiembre 2005 |
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Bellas Artes
El arte precolombino se expresó sobre todo entre los diaguitas, que construyeron sus casas con piedras en seco unidas con tierra, cultivaron una alfarería poco variada y realizaron pinturas geométricas. Los aborígenes del N esculpieron en piedra, madera y hueso, fueron buenos alfareros y supieron fundir metales. En la Patagonia se han encontrado valiosas pinturas rupestres. Durante el virreinato predominó un estilo arquitectónico de raíz hispana, pero sin la exuberancia del barroco peruano o mexicano. Las catedrales de Córdoba y Jujuy, el Cabildo de Salta y las iglesias de Buenos Aires (San Francisco, el Pilar, San Ignacio, etc.) son joyas arquitectónicas de aquella época.
Las ruinas de las misiones jesuíticas en Corrientes son también representativas. En el s. XIX, arquitectos franceses e italianos trajeron formas neoclásicas que influyeron en la construcción de la Catedral, la Casa de Gobierno, el Palacio del Congreso, los Tribunales y el primer Teatro Colón. Obras de gran refinamiento fueron las residencias del Barrio Norte y los palacios Anchorena y Errázuriz, entre otros.
Ya en el siglo XX, se destacaron los arquitectos Martín Noel, Alejandro Bustillo, Alejandro Christophersen, Fermín Bereteroide, Alberto Prebisch, Sánchez Ella, Mario Roberto Álvarez, Rodolfo Kalnay, Alberto Peralta Ramos.
La pintura argentina se destacó en sus inicios con Carlos Enrique Pellegrini, Prilidiano Pueyrredón y Carlos Morel, a los que siguió una pujante y vigorosa generación cuyos principales exponentes fueron Ernesto de la Cárcova, primer director de la Academia Nacional de Bellas Artes; Eduardo Schiaffino, primer director de Museo Nacional de Bellas Artes; Eduardo Sívori, Reynaldo Guidici, Ángel Della Valle y Graciano Mendilaharzu.
A comienzos del siglo XX se da a conocer una nueva generación igualmente valiosa: Martín Malharro, Walter de Navazio, Faustino Brughetti, Ramón Silva, Pío Collivadino, Alfredo Guttero, Valentín Thibon de Libian, Carlos Giambiagi, Miguel Carlos Victoria, Cesáreo Bernaldo de Quirós, Eugenio Daneri, y, después de 1930, brillan los nombres de Emilio Pettoruti, Xul Solar, Guillermo Butler, Ramón Gómez Cornet, Clorindo Testa, Augusto Schiavoni, Fortunato Lacámera, Alfredo Gramajo Gutiérrez, Fernando Fader, Horacio Butler, Raquel Forner, y Benito Quinquela Martín.
En la segunda mitad del siglo XX logran merecidas fama Antonio Berni, Juan Carlos Castagnino, Lino Enea Spilimbergo, Raúl Soldi, Aquiles Badí, Jorge Larco, Héctor Basaldúa, Alberto Bruzzonte, Raúl Schurjin, Emilio Centurión, Carlos Alonso, Juan del Prete, Raúl Russo, Marcos Tiglio, Enrique Policastro, Demetrio Urruchúa, Norberto Onofrio, Luis Seoane, Santiago Cogorno, Rómulo Macció, Luis Felipe Noé, Jorge Demirjián y Antonio Seguí. Entre los escultores descollaron Antonio Devoto, Lucio Correa Morales, Francisco Cafferata, Alberto Lagos, Lola Mora, Rogelio Yrurtia, Alfredo Bigatti, Antonio Sibellino, Pablo Cuartella Manes, Agustín Riganelli, Alfredo Guttero, Luis Falcini, Octavio Fioravanti, Lucio Fontana, Líbero Badii, Enio Iommi, Claudio Girola, Noemí Gerstein, Julio Le Parc y Gyula Kosice.
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